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Resumen ejecutivo

Al comparar el empleo de las mujeres en Canadá, México y los Estados Unidos, se observa que, no obstante ser países con economías muy diferentes, las mujeres trabajadoras en Norteamérica presentan características y tendencias en las condiciones laborales muy similares. Esta situación se refleja en aspectos como son la distribución por ramas de actividad económica y por ocupación, la proporción de mujeres trabajadoras con empleo de tiempo parcial y las condiciones salariales. Sin embargo, también se observan diferencias importantes en aspectos como son las tasas de participación, la distribución del empleo por grupos de edad, las horas promedio trabajadas, los niveles de educación y las características del desempleo.

Entre las principales características del empleo femenino durante el periodo de 1984 a 1996 se distinguen las siguientes:

  • En el periodo de 1984 a 1996 la tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo aumentó sustancialmente en los tres países. México tuvo el crecimiento más alto, al aumentar en casi diez puntos porcentuales la tasa de participación de las mujeres de 15 años y más, que pasó de 27.8 por ciento en 1984 a 37.4 por ciento en 1996. En Canadá, la tasa de participación femenina aumentó de 54 por ciento en 1984 a 57.6 por ciento en 1996. En los Estados Unidos, la tasa aumentó más rápidamente que en Canadá, pero más lentamente que en México, elevándose de 53.6 por ciento en 1984 a 59.3 por ciento en 1996. Mientras que en este periodo en México y los Estados Unidos este crecimiento se dio en forma continua, en Canadá la tasa de participación se ha mantenido sin cambios desde 1993.

  • Entre los factores que han influido en el aumento de la participación de la mujer en la actividad económica en los países de Norteamérica se encuentran: el aumento en los niveles de escolaridad; la necesidad de la mujer de contribuir al ingreso familiar; el aumento en las oportunidades de empleo de tiempo parcial para las mujeres, y la reducción en la tasa de fertilidad. Este último factor ha tenido más relevancia en México, ya que en los últimos 25 años este país experimentó una significativa reducción en la tasa de fertilidad. Se observa que existe una estrecha relación entre las tasas de fertilidad bajas y las tasas altas de participación de las mujeres; aunque esta relación refleja una compleja interconexión. Por ejemplo, la reducción en la tasa de fertilidad también ha sido influida por los mayores niveles educativos de la mujer y por su mayor necesidad de contribuir al ingreso familiar.

  • La creciente participación de la mujer en la fuerza de trabajo ha significado un aumento en su contribución al ingreso del hogar. No obstante, su participación todavía es menor a la aportación de los hombres, principalmente en México, donde su contribución al ingreso total del hogar fue de sólo 18 por ciento en 1994. En Canadá, la participación del ingreso de las mujeres en el ingreso total de la familia significó 31 por ciento en 1992. En los Estados Unidos, 34.1 por ciento de las remuneraciones totales de las familias en 1995 fueron aportadas por las mujeres.

  • Existe una estrecha relación entre las tasas de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo y sus niveles de educación en los tres países: entre más alto el nivel de educación más alta es la tasa de participación de las mujeres. Por ejemplo, en Canadá, la tasa de participación de las mujeres con educación universitaria fue de 80.3 por ciento, mientras que la tasa para las mujeres con educación de ocho años y menos fue de sólo 18 por ciento en 1996. Aunque esta relación también se presenta entre los hombres, las diferencias en las tasas de participación por niveles de educación son menores. Por ejemplo, en Canadá, la tasa de participación de los hombres con grado universitario fue de 85.1 por ciento, mientras que la tasa para los hombres con ocho o menos años de educación fue de 37.6 por ciento. Las diferencias son aún menores para México.

  • Los aumentos más importantes en la tasa de participación de las mujeres ocurrieron en los grupos entre 24 y 54 años en los tres países. En México y los Estados Unidos también se registraron aumentos en la tasa de participación de las mujeres jóvenes (entre 15 y 19 años), mientras que en Canadá la tasa de participación para este grupo de edad disminuyó.

  • En los tres países, el empleo asalariado en comparación con el trabajo por su cuenta y el trabajo sin pago es ligeramente más común entre las mujeres que entre los hombres. En los Estados Unidos, la proporción de mujeres asalariadas en el total del empleo femenino fue de 93 por ciento en 1996, mientras que la proporción para los hombres fue de 90 por ciento. En el mismo año, en Canadá, las proporciones fueron de 90 por ciento para las mujeres y de 87.5 por ciento para los hombres; en México fueron de 60 y 58 por ciento, respectivamente.

  • La estructura ocupacional de la fuerza de trabajo femenina mostró un alto crecimiento en ocupaciones gerenciales y profesionales, con los aumentos más importantes en Canadá y los Estados Unidos. Asimismo, en los tres países se observó una reducción de la proporción de mujeres en ocupaciones de apoyo administrativo. No obstante,en 1996 las ocupaciones predominantes entre las mujeres en los tres países continuaban siendo las relativas a la educación (maestras) y la salud (enfermeras), secretarias, vendedoras, prestadoras de servicios en restaurantes y en los servicios relacionados con la limpieza. Por sector de actividad, el empleo femenino se concentra principalmente en los servicios sociales y personales (fundamentalmente en las actividades relacionadas con la salud y la educación) y en el comercio al menudeo. En lo que respecta al empleo en servicios sociales y personales, la participación más alta la tiene Canadá, con 51.4 por ciento del total del empleo femenino en 1996. En el caso del empleo en el comercio al menudeo, México tiene la participación más alta con 21.3 por ciento del empleo total femenino en 1996.

  • Las mujeres en Norteamérica tienen una mayor proporción de trabajo de tiempo parcial que los hombres. México posee la tasa más alta de mujeres con empleo de tiempo parcial, con 39 por ciento del total del empleo en 1996. Los Estados Unidos tuvieron la proporción más baja, con 27 por ciento en el mismo año. En Canadá, el trabajo de tiempo parcial ha crecido a una tasa sustancialmente más alta que el trabajo de tiempo completo a partir de 1990. Una tendencia similar fue observada en México hasta 1995. En contraste, en los EstadosUnidos, el empleo de tiempo completo aumentó a una tasa más alta que el empleo de tiempo parcial hasta 1993. A partir de 1994, el trabajo de tiempo parcial ha crecido sustancialmente.

  • El hecho de que el trabajo de tiempo parcial sea más común entre las mujeres que entre los hombres en los tres países se refleja en un promedio menor de horas de trabajo a la semana. El nivel más alto de horas trabajadas por las mujeres se observa en México, con un promedio de 36.7 horas de trabajo a la semana en 1996. En el mismo año, el dato para los Estados Unidos fue de 35.7 horas a la semana, seguido por Canadá con 32.5 horas semanales. El número de horas trabajadas por los hombres fue de 44.7, 42.3 y 40.7, respectivamente, en el mismo año. Cuando sólo se comparan las horas trabajadas por los trabajadores de tiempo completo, el promedio de horas trabajadas por las mujeres se mantiene inferior al de los hombres, aunque las diferencias son menores que cuando se considera a todos los trabajadores.

  • La estabilidad en el empleo de la mujer, medida por la duración promedio en el empleo, es sustancialmente menor que la estabilidad en el empleo entre los hombres. Esta situación puede explicarse, en parte, por la necesidad de la mujer de interrumpir su trabajo por maternidad y para cuidar a sus hijos. En 1996, las mujeres canadienses tenían un promedio de 7.1 años de trabajo consecutivo con su actual empleador, mientras que el promedio para los hombres era de 8.9 años. En los Estados Unidos, el promedio de años de trabajo de las mujeres asalariadas con su actual empleador era de 6.1 años en febrero de 1996, mientras que el promedio para los hombres era de 7.3 años. En México, el promedio de años de trabajo de las mujeres con el mismo patrón era de 6.7 años en 1995, la cifra para los hombres era de 8.4 años. No obstante que en los tres países la estabilidad promedio del empleo femenino aumentó, el porcentaje de mujeres con un promedio de cinco años o menos en el empleo es elevado, comparado con el porcentaje para los hombres.

  • En los tres países las remuneraciones promedio de las mujeres son inferiores a las de los hombres, aunque las diferencias se han reducido. La disminución en las diferencias salariales entre hombres y mujeres se debe principalmente a un mejor comportamiento en las remuneraciones reales de las mujeres en comparación con el comportamiento de las remuneraciones de los hombres en el periodo de estudio. En Canadá, las remuneraciones promedio de las mujeres trabajadoras crecieron a una tasa sustancialmente mayor que las de los hombres entre 1984 y 1996. En el mismo periodo, en los Estados Unidos, las remuneraciones reales de las mujeres aumentaron, mientras que las de los hombres disminuyeron. En México, las remuneraciones reales tanto de hombres como de mujeres disminuyeron en el periodo de 1991 a 1996. Pero la reducción fue ligeramente menor para las mujeres.

  • El aumento en la proporción de mujeres ocupadas entre 25 y 54 años de edad es otro factor que puede estar influyendo en la reducción de la brecha salarial entre hombres y mujeres, ya que en los tres países se observa que las remuneraciones promedio de los trabajadores de mayor edad son generalmente mayores que las remuneraciones promedio de los trabajadores más jóvenes. También se observa que, en general, las remuneraciones promedio de las mujeres y los hombres solteros en Norteamérica son más similares que las remuneraciones promedio de las mujeres y los hombres casados.

  • En los tres países se observa una amplia dispersión salarial entre las mujeres ocupadas. En los Estados Unidos, la remuneración promedio de los trabajadores en el noveno decil fue 108 por ciento más alta que la de los trabajadores en el quinto decil en 1996. La diferencia salarial para los mismos deciles de trabajadores en Canadá fue de 78 por ciento en 1994. En México, en 1992, las remuneraciones promedio de las mujeres obreras en la industria manufacturera fueron 78 por ciento más bajas que las de las mujeres en posiciones ejecutivas en la misma industria. En comparación con 1981, la dispersión salarial aumentó considerablemente en los Estados Unidos, mientras que en Canadá permaneció sin cambios.

  • Por lo que respecta a las características del desempleo femenino en los tres países de América del Norte, se observan diferencias importantes. En Canadá, el desempleo de las mujeres se caracteriza por tener la tasa más alta, la mayor duración promedio de desempleo y la mayor proporción de mujeres desempleadas con experiencia laboral. En México, el desempleo de las mujeres en comparación con sus contrapartes comerciales se caracteriza por tener la tasa más baja, la menor duración promedio y por ser fundamentalmente de carácter voluntario (por motivos personales, como pueden ser el cuidado de la familia, el ir a la escuela, etc.). Por su parte, los Estados Unidos tienen una tasa relativamente baja de desempleo femenino, una alta proporción de mujeres desempleadas con experiencia laboral y una elevada proporción de mujeres desempleadas por motivos involuntarios, esto es, por razones económicas.

     


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